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LEONES EN EUROPA

Los grandes felinos del Viejo Continente

Cuando alguien visita el MAN, el Museo Arqueológico Nacional de España, llama la atención el soberbio sepulcro de Pozo Moro construido en piedra con sillería isódoma, con un basamento de tres escalones, un relieve en las cuatro esquinas, un nuevo basamento, un segundo cuerpo, una fila de leones y finalmente una forma piramidal, que simboliza el máximo de energía que necesita el cuerpo para ir al más allá. Para los arqueólogos el sentido turriforme representa el árbol de la vida, uniendo la parte terrenal con la celeste, como muestra de la referencia del paso del hombre de la vida terrena al más allá (*). 

Sin embargo, lo que llama la atención son los leones, que forman un bloque adosado al sepulcro. Se dice que el león es un animal de signo positivo y de carácter solar, un símbolo de protección que defiende el cuerpo y las cenizas, y que con sus fauces abiertas es el encargado de devorar y purificar las almas en el paraiso. Pero la pregunta no es tanto su significado simbólico sino responder a varios enigmas ¿por qué leones? ¿y por qué en España, donde no había ninguno? 
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El monumento funerario turriforme de finales del siglo VI a. C. de Pozo Moro, encontrado en la población albaceteña de Chinchilla de Montearagón. Actualmente se encuentra en el Museo Arqueológico Nacional de España, en Madrid. Los leones que aparecen representados son propios del arte neohitita del norte de Siria, lo que sugiere una fuerte influencia oriental en el arte ibérico de esa época.

LEONES DE LAS CAVERNAS

Durante milenios los primeros hombres modernos que habitaron la Península Ibérica se enfrentaron con frecuencia a un rival formidable que les disputaba las grandes presas en las cacerías: los leones de las cavernas («Panthera leo spelaea»), una bestia brutal.  Con un gran tamaño,  hasta un 10% más grande que los leones actuales, era sin embargo, de menor tamaño que el león primitivo de las cavernas y que el león americano.

El esqueleto de un macho adulto, encontrado en 1985 cerca de Siegsdorf (Alemania), tenía una altura a los hombros de cerca de 1.2 metros y una longitud de cabeza-cuerpo de 2,1 metros sin la cola, y no ha sido el espécimen de mayor tamaño que ha sido encontrado.

Algunas representaciones rupestres encontradas en abrigos y cuevas indican que no tenían melena, y poseían orejas redondeadas, colas que terminaban con mechón de pelo, y algunas manchas o rayas. Ccazaban los enormes herbívoros de su tiempo, desde caballos salvajes, a ciervos, renos, bisontes e incluso mamuts si eran viejos, o estaban herido. Igualmente del análisis de antiguas pinturas rupestres se ve a varios cazando juntos, como las leonas actuales.

Análisis isotópicos de muestras de colágeno de los huesos fósiles sugieren que, al menos en el Norte y Este de Europa, los renos y las crías de oso de las cavernas eran su dieta principal, y los últimos leones de las cavernas parecen haberse centrado en los renos, justo hasta el borde de la extinción local o la extirpación de ambas especies (conviene recordar que en la Edad de Hielo, Cantabria y Asturias eran similares a la Laponia actual). 

Las presas pequeñas eran por lo general derribadas con un golpe de la pata delantera y sujetadas con las dos patas delanteras. El animal era finalmente muerto con un mordisco de sus colmillos en la nuca, en la garganta o en el pecho. Un león de las cavernas no podía ser tan rápido como sus presas, pero podría derribarlas con las patas, haciendo perder el equilibrio a un animal corriendo. También se cree que en la época de hibernación del oso de las cavernas («Ursus spelaeus»), los leones entraban en las cuevas en las que reposaba, para cazarlos.


La pared de Armintxe (en Lequeitio, Vizcaya) presenta grabados de hace unos 14 000 años mediante micro desconches, que representan caballos, cabras, bisontes y, al menos, dos leones. Son las primeras representaciones de estos felinos encontradas en cuevas de la Cornisa Cantábrica. En el Paleolítico Superior la población humana se incrementó progresivamente, lo que aumentó la presión sobre las poblaciones de leones, que salieron muy perjudicados con el cambio.

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Los antiguos habitantes de Europa cazaban a estos poderosos animales, lo que sin duda exigía altas dosis de valor, fuerza y habilidad, pero los cromañones eran, tal vez, los humanos más perfeccionados que han pisado la faz de la Tierra. Con una estatura superior en los varones al 1,80 m de media, huesos duros y anchos, eran hombres fornidos habituados a vivir en un mundo frío, salvaje y feroz, que ponía a prueba todos los sentidos cada día, hora y minuto, y es probable que en la actualidad sólo pudieran compararase a atletas del más alto nivel.

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El león de Arrikrutz (Oñati), encontrado en el otoño de 1966. Durante el Pleistoceno Superior (de los 125 000 a los 12 000 años a.C.), había en el mundo tres subespecies de leones: los actuales «Panthera leo»; el americano «Panthera atrox«; y de las cavernas «Panthera spelaea», que no habitaba cuevas, pero cuyos restos se han encontrado principalmente en ellas. El ejemplar de Arrikrutz medía entre 1 y 1,2 metros de alto hasta la cruz y pesaría unos 250 kilos, cuando un africano grande sólo llega a los 200. En otra galería de la misma cueva de Oñati, se descubrió un fémur aislado de otro ejemplar que llegaba a los 330 kilos. 

Enfrentados además al cambio climático, la extinción de los leones de las cavernas puede haber estado relacionada con el final de la megafauna del Cuaternario, si bien por las pinturas rupestres y restos encontrados en antiguas zonas de asentamiento nómada, todo parece indicar que su caza por los humanos contribuyó también a su desaparición hace unos 10 u 11 mil años.

Es importante destacar que los leones de las cavernas no estaban solos, y en el período hace entre 21 000 y 12 500 años, en Europa vivieron dos especies de leones, siendo la otra el león europeo, subespecie formada en Europa a partir de animales llegados de África, y tras la extinción del león de las cavernas, en Europa siguió habitando el león europeo («Panthera leo europaea»), que no desaparició hasta hace unos 2000 años. 

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Reconstrucción de un león de las cavernas. Un equipo de científicos ha hecho pública su intención de intentar clonar uno. En agosto del 2015 se encontraron congelados, en una zona remota de Siberia, en la República de Saja, los fósiles de dos cachorros de leones de las cavernas, a los que llamaron Uyan y Dina. Estaban en un excelente estado de conservación, y aún tenían piel, oídos, tejidos blandos, y pelo, incluyendo los bigotes. No superaban las dos semanas de edad, ya que tenían dientes de leche y sus ojos no estaban del todo abiertos. Debido a su buen estado, el Departamento de Bilología Molecular de la Universidad del Noreste de Rusia, decidió intentar reconstruir su ADN para poder clonar uno de ellos, y llevar a un museo los restos del otro.

LEONES EUROPEOS MODERNOS

La memoria de los leones de las cavernas tuvo que ser forzosamente olvidada con el paso de los años, pero en lalgunas zonas, especialmente del Este y los Balcanes, donde había poblaciones de leones europeos, el gran felino siguió siendo el rey de los animales.

Su hábitat comprendía especialmente los bosques templados que se extendían a ambas márgenes del Danubio, donde cazaban presas tales como el bisonte europeo, el alce, el uro, el ciervo, y otros grandes ungulados. Estos leones europeos eran similares a los asiáticos («Panthera leo persica»), pero tenían algunas diferencias, ya que no tenían melenas abdominales y laterales. Eso si, eran depredadores grandes y poderosos, de un tamaño parecido al de los africanos, midiendo unos 4 pies (1,2 m) hasta los hombros. Los machos pesaban entre 180 a 200 kilogramos,​ mientras que las hembras eran algo menores.

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Una impresionante escena de una cacería de leones representada en una daga de bronce, con incrustaciones de plata, elaborada en Micenas hace unos 3800 años. Cinco hombres con escudos y armas atacan a tres leones. Dos leones huyen, pero el otro se enfrenta a los guerreros, y abate a uno, que cae debajo de sus patas.

Los leones de la actual Hungría y Ucrania no resistieron la expansión de la agricultura y el aumento de la pobación humana y la bajada en número de los animales que constituían su dieta, y desaparecieron en torno al año 3000 a.C., pero al sur del Danubio, especialmente en Tracia y las tierras vecinas, los leones siguieron siendo el principal depredador en competencia con los lobos.

En el arte griego, desde Micenas a la Era Clásica, los leones aparecen de forma regular. En su migración a las costas del Egeo desde Centroeuropa, los pueblos indoeuropeos de habla griega debieron encontrar leones en toda la ruta de marcha de generaciones, y en la que sus campeones y héroes se adiestraron y aprendieron a medir su valor con su caza. Cuando llegaron al Peloponeso, al que iba a ser su hogar definitivo, aún había leones allí, y su caza se convirtió en todo un rito que ha dejado una huella imperecedera en el arte.

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Hércules (Herakles) se enfrenta al león de Nemea, un león sobrenatural que ocupaba el pueblo sagrado de Nemea en el Peloponeso. Representación de Beocia, en torno al 340 a.C. Por textos de Herodoto, siglo V a.C., y Aristóteles, siglo III a.C., sabemos que había leones en Grecia en su tiempo, principalmente entre los ríos entre los ríos Haliacmón y Nesto (aproximadamente en la frontera de Macedonia con Tesalia). 

T. Bryce, en su obra Vida y sociedad en el mundo hitita (2002) señala que la asociación de los leones y la realeza es antigua, y se encuentra entre los micénicos de la Edad de Bronce tardía (ca. 1550 a 1200 a. C.) tanto o más que entre los habitantes de Asia Menor, como los hititas o los asirios. La «Puerta del León» en la ciudad de Micenas podría considerarse «el escudo de armas real de la Casa de Agamenon, el primer escudo de armas del Mundo occidental», y mucho después de la caída de los palacios micénicos, el león siguió siendo un animal importante en el arte griego. 

Durante el periodo clásico de Grecia los leones seguían habitando algunas zonas de los Balcanes a pesar de la presión de la población humana, cada vez más numerosa, y sabemos que cuando el ejército de invasión persa de Jerjes avanzó hacía el interior de Grecia en el 480 a.C., se encontró a menudo con ellos.


Alejandro y Cratero en la caza del león (mosaico encontrado en Pella, capital de Macedonia). El gran filósofo Aristóteles, nombrado por el rey Flipio maestro del joven príncipe Alejandro, habla de las conocidas y cotidianas cacerías de leones por parte tanto del rey como de los nobles y hombres libres, pues era una prática extendida en la frontera norte de Grecia, donde los feroces leones ponían a prueba a los cazadores. Cazar un gran felino era una prueba de valor para cualquier hombre, y era parte de su formación para la guerra.

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A partir del siglo II a.C., la presencia de los leones empezó a ser más escasa. Una leyenda dice que Alejandro Magno abatió al último león tracio, pero es bien sabido que siguió habiendo leones en la región hasta los primeros años de nuestra era, si bien Dion Crisóstomo (40-120 d.C) decía que era una animal «extinto en Europa», y aunque en el Cáucaso sobrevivió hasta el siglo X, no se trababa de ejemplares del león europeo, sino del persa.

Respecto a su notable e insistente presencia en el arte ibérico, la figura del león se encuentra tanto en el Levante como en el Mediodía, y ya no se discute por los especialistas su origen oriental, pero no se encuentran al parecer relacionados con los de las representaciones de cacerías asirías, sino más bien con los vinculados a la arquitectura, es decir, como guardianes de templos, palacios o tumbas, por lo que suelen aparecer en la posición en que se representaba ya entonces a los felinos: tumbados y enseñando la dentadura.

Se cree que los antecesores más lejanos del león ibérico pertenecen a las esculturas sirio-hititas, a partir de similitudes en su actitud y composición, como las orejas dirigidas hacia atrás, la boca abierta (a menudo con la lengua fuera y con los pliegues del labio superior retraídos). No obstante, hay representaciones de estilo griego, como por ejemplo el león de Bena, hoy en el MAN, que deriva del arte jonio.

Todo esto indica que se trataba de un motivo artístico, sin que para ello fuese necesario el conocimiento real de verdaderos leones, a pesar de que a sólo unos kilómetros de la Península Ibérica era posible encontrar el feroz león del Atlas, desaparecido en hace pocos años (sólo se conserva en zoológicos), y que los romanos convirtieron en un animal de notable presencia en sus circos, por ser una bestia de tamaño y fuerza considerables (un cazador del siglo XIX, describió un gran macho que media 3,25 m, incluyendo 75 cm de cola, y hay descripciones de leones con un peso de entre 290 a 320 kilos). 

Los romanos, los importaron durante siglos para que participasen en sangrientos combates circenses contra otras fieras, o devorasen a gladiadores, prisioneros o condenados cristianos, y su posesión llegó a convertirse en un símbolo de poder, hasta el punto de que Julio César llegó a tener un cortejo de 400 leones del Atlas, y Pompeyo, uno de 600. Esta presión tuvo que afectar a su número y aunque sin duda miles de ellos acabaron en los circos de Hispania, no consta que se intentase introducirlos en la Península (como se hizo por ejemplo con los gamos, oriundos de Asia Menor, y traídos por los romanos porque les gustaban).

26 de abril de 2020

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(*) Este sepulcro se ha hecho muy famoso en la actualidad para los creyentes en los sauriodes de estación vertical, los famosos «reptilianos», pues en el banquete que aparece en relieve en una de las caras, unos seres monstruosos con forma de reptiles humanoides devoran animales y seres humanos, pero esa, es otra historia... ;) 

Nota:

Esta página es complementaria de mi Web Site  «El Espejo Mágico»